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viernes, 16 de marzo de 2018
Tristeza ayer y hoy
Mi nombre es Tomas, tengo 20 años y estoy preso por homicidio a grabado en la Reclusorio Norte, México. Me espera el resto de mi vida detrás de éstas rejas. La vida me ha hecho malas jugadas. Estoy solo acá adentro, no hablo con los otros reclusos, acá sobrevive el más fuerte. Mi estadía aquí me ha enseñado a valorar todo lo que alguna vez de niño obtuve. La vida te hace quitar la venda de la peor manera, y lo peor, no sabes cuando, ni como. Mi historia es algo trágica, les hablare un poco de mí. Vivía en Cúcuta, Colombia. Tenía dos años cuando mi papá murió por sobredosis de metanfetaminas, a los siete años, mi madre murió a raíz del VIH, lo cual se podía esperar ya que era prostituta. Mi tía la cual sufría de cáncer de huesos, vivía en México y era lo único que me quedaba. Se hizo cargo de mi, viaje a México y todo fue pasando normal hasta que tenía nueve años, vivía muy bien, tenía muchos amigos y me sentía el niño más feliz del planeta tierra ¡Era increíble!, mi tía falleció, me sentí devastado, fue lo peor para mí, ella era como mi madre, siempre estuvo pendiente al tanto de mí, me dio demasiado duro pensar que no la volvería a ver nunca más. Sin más familia, y lejos de mi país mi única opción: un hogar de paso. Aunque no quería mi único amigo era yo mismo, yo era el típico raro del grupo. No hablaba con nadie, me sentaba solo al recreo, era alguien más, no interactuaba. Pero, algo extraño pasaba en mi mente, tenía malicia adquirida de algún lado. Recuerdo tanto que a la edad de trece años fui expulsado del hogar de paso por apuñalar con unas tijeras a un joven, ¿Razón? Se burló de mí por mi apariencia un poco inusual. Fui directo a la cárcel de menores, allí permanecí hasta los 18 años. Frustrado sin ser nadie en la vida, sin estudios, sin un lugar donde ir, sin nadie que me apoyase, me perdí en mi propio mundo refugiándome en las drogas. La dosis tenía que ser si o si, por nada me la podía perder. Me sentía vacío por dentro, obstinado y cansado de la vida, decidí tomar un arma y dispararme, paso algo que no tenía que pasar, sobreviví. !¿Por qué?! Si tenía tantos anhelos de morir, tantos anhelos de ser feliz en otro lugar fuera del terrenal, no lo sé, pero quería irme de aquí, ya en el hospital, quería saber que no hubieran esperanzas pero nada, el médico me dijo que fue un milagro, que rabia e impotencia sentí en ese momento, le tenía mucho rencor a la vida, mucho odio en un ser ¿Por qué será posible que algo material tenga en sí tanto? Es ilógica mi vida. No tiene sentido. Algo nulo. Un cero a la izquierda. !Que rabia joder! Salí del hospital y me internaron en un centro de personas con problemas mentales, allí dentro conocí un paciente, su nombre es Jefrey, aún lo recuerdo, era alto, delgado y tenía algo que lo hacia misterioso y extraño. Hablaba con él siempre, me decía que era psicópata, que era alguien del cual debías temerle. Incrédulo me sentí escuchando todo esto. Pero hubo algo en su extraña mirada que me hizo pensar si era por molestar o era en serio lo que me decía. Pasaron los días y nos volvimos compañeros de cuarto, él, con un pensamiento narcisista y un grado de manipulador avanzado, lograba lo que quería en el centro, quedaba aterrado, la forma en la cual hacia sus cosas era sorprendente, realmente lo admiraba. Él me contó que también se sentía solo, y que muy en el fondo se sentía muy triste y abandonado por el mundo. Me hizo sentir verdaderamente mal, era igual que yo. Admito que nadie me hablo con tanta tristeza como él lo hizo esa vez, con lágrimas en los ojos se acercó y me abrazó, me dijo que todo estaría bien muy pronto, aún pasan tantas cosas por mi mente y no te lo puedo negar, se me aguan los ojos, es duro, muy duro. Un día, él sentado con la cabeza agachada y la mirada apagada me dijo que quería salir de allí, no soportaba más, se sentía a límite. Le dije que qué haríamos, alzo su mirada y fijamente a los ojos me vio exclamando que los iba a matar a todos. Me gustó su plan y accedí. ¿Algo peor podría pasar? No lo creo, me sentía lo más bajo y repugnante de éste maldito mundo. Llegó la hora de la hora de dormir, era nuestro momento, decidimos amarrar bolsas en sus cabezas para que se ahogasen, ya hecho esto, empezamos, uno a uno a mutilar cada parte del cuerpo con unas tijeras pequeñas que traíamos en nuestros zapatos, las guardábamos, esa sería nuestra próxima cena. Ya acabado con cada uno de los pacientes, defecamos en sus cabezas cercenadas y sus ojos nos lo guardamos en el bolsillo. Después de hacer todo esto, me sentí complacido, era un asesino. ¿Por qué el mal nos hace bien? Me preguntaba con intriga. Nosotros mismos llamamos a la policía, mientras llegaba nos pusimos a hablar de qué haríamos en la cárcel. Jefrey, obstinado me dijo que lo matase, que no tuviera piedad de él, que hiciera con él lo que fuese. Dicho y hecho, tomé mi tijera y la froté en el cuello y sin piedad le escupí el rostro y lo maldije. Ahora, yo, capturado pagando una condena, sin nadie ni nada, nunca pude llegar a la felicidad. Siempre seré una sabandija, una triste y sola sabandija. Gracias por leer esto y ojala se pudran en el infierno.
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Muy bueno
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